jueves, 14 de febrero de 2008

Back 2 The Old Ways

Estoy en el metro, ejecutando una de mis aficiones más molestas. Supongo que es molesta, aunque me daría igual que me lo hicieran a mí. Leo los libros de los demás. O incluso los periódicos. Alguna vez hasta he leído apuntes, pero sólo para saber de qué eran. Ésta es una de esas veces en las que decido que tengo que saber de qué libro se trata.

Leo una frase que habla de la realización de “otro milagro”. Mi vista salta hasta otra que dice algo así como “eres tú, Noah”. Decido que se trata de “El Diario de Noah”. Me doy cuenta de que es la última página, así que me contengo y dejo de leer, aunque ya conozco el final. Tengo que esperar a que la chica que lo lee baje del metro para comprobar que el libro se llama en realidad “El Cuaderno de Noah”. Sonrío.

Me giro y leo algo de un Rey y pienso que es la Edad Media. Salto y leo fragmentos de una conversación en la que se invita a una chica a ejercer la prostitución y pienso en Ken Follet [aún sigo sin entender del todo el por qué de esta relación]. Decido que el libro es “Un Mundo sin Fin”, ya que aquello no ocurría en “Los Pilares de la Tierra”. Retuerzo la cabeza para ver si he acertado. Sonrío otra vez.

Pasan las semanas. Tal vez incluso haya pasado más de un mes.

Es hoy.

Estoy en otro proyecto, el anterior está a punto de acabar. Pienso que soy la prueba viva de la verdad que se esconde en las palabras de un gran sabio contemporáneo, “los proyectos nunca se acaban, se abandonan”.

Ahora ya no cojo el metro y me sorprendo echándolo de menos de algún modo difuso, casi apáticamente nostálgico. Pero nostálgico al fin y al cabo. Pensaba que lo había olvidado [para bien].

Últimamente recuerdo mucho las cosas que he olvidado. A veces me preocupa que esas cosas vuelvan si pienso mucho en ellas, como atraídas por la magnética fuerza del olvido que a mí me hace recordarlas. Y algunas veces vuelven.

viernes, 18 de enero de 2008

RSS's Spam

Después de una o dos eternidades sin tocar los informes sobre Lo que Mola y Lo Runo, los he actualizado por completo, manteniendo la estructura de Top 7 de caracter descendente, con sabor a cadencia suspensiva.

Haced buen uso de la información en ellos contenida y, recordad: si pensáis que existen cosas que deberían entrar en alguno de los informes y de las que no me he hecho eco, no dudéis en comentármelas.

jueves, 20 de diciembre de 2007

La Legendaria Entrada Número 22

De sobra es sabido que estamos en un momento álgido para las series de televisión, en oposición a la etapa casi oscura en la que está sumergido el cine actual, con la creatividad de los guionistas de Hollywood focalizada en secuelas de clásicos olvidados [en ocasiones, con razón]. Pero las series es otro cantar, al menos lo era hasta que los guionistas estadounidenses se pusieron en huelga, como muchos sabréis, por el escaso reconocimiento [económico, al parecer] que obtienen.

Pero no es mi objetivo hablar de lo que todos hablan, lo que hoy me ocupa es el pensamiento de que existe una idea que se ha quedado en el tintero de esos guionistas hasta ahora y que yo me dispongo a poner sobre la mesa, como un guante lanzado a la cara de quien quiera producir el siguiente hit de la franja televisiva de máxima audiencia... Os cuento:

Un tipo con un carácter agrio y un sentido del humor profundamente sarcástico, que además tiene problemas de movilidad y gestiona un equipo de trabajo interracial compuesto por tres jóvenes promesas en lo suyo, resuelve casos de especial complejidad con ideas abrumadoramente geniales que hacen olvidar lo insoportable que resulta como ser humano. No, no le pongáis nombre todavía, porque no es médico, ni hace nada relacionado con la medicina, es... ¡INGENIERO!

House... ¿ingeniero?

Sí, un House reciclado como ingeniero de cualquier cosa, por ejemplo, de software. También valdría un arquitecto. ¿Aún no pensáis que es genial?: echad un vistazo al primer esbozo superficial del episodio piloto [la mayor parte de los detalles están sin pulir, aún así, éxito asegurado]:

El Sr. Casas llega a su oficina, donde le espera su equipo de trabajo, se desparrama en su sillón y los cerca de ciento veinte kilos de carne que dificultan su movilidad se contonean con hipnóticos movimientos ondulantes. Uno de sus muchachos [de rasgos orientales, extrema delgadez, ropa aséptica y rostro de taciturna seriedad] se acerca a él para comunicarle que tienen un nuevo caso [ésta es la parte complicada de elaborar, pongamos, a modo de ejemplo, que es algo en plan un sistema central de una importante multinacional que se ha quedado colgado]. Casas ironiza acerca del poco convincente castellano del chico asiático y desestima el caso ofreciendo una solución sacada de un manual de Dummies: salir y volver a entrar. El otro de los chicos [un tipo con aspecto de inadaptado, en pleno proceso de crecimiento transversal, con gafas de pasta, pelo desordenado y camiseta adquirida en ThinkGeek] explica que eso ya se hizo y no funcionó, y añade con sonrisa burlona que el sistema está debidamente enchufado y conectado. Casas, que sigue sin estar interesado, responde mientras ataca a un donut [su inconfesable vicio y adicción], que entonces será un virus. La tercera en discordia del equipo [una chica poco agraciada físicamente, también con gafas, acné crónico y cara de muy pocos amigos] alega que desde luego no se trata de ningún virus conocido, ya que los más sofisticados sistemas antivirus no han logrado detectar nada [sí, la trama técnica es una chufa, pero para conseguir una en condiciones, tendría que comerme demasiado la cabeza y no es el objetivo]. La cara de Casas cambia entonces de matices, interesándose por el tema y pidiendo a su equipo que le consigan el diseño de los sistemas.

El drama se desata cuando descubren que los diseños se perdieron en un incendio años atrás. Casas entretiene a sus subalternos haciendo pruebas y revisando código mientras él se mantiene lejos del campo de batalla, nunca se acerca a los sistemas con los que trata. Lo que sigue a continuación son diagnósticos diferenciales de errores de sistemas, bromas étnicas al pobre oriental, chistes geeks, multitud de resets… Hasta que, por fin, el Sr. Casas, motivado por cualquier chorrada surgida de la trama secundaria [que se centrará en la incompetencia social y la acidez cómica de los protagonistas] da con la solución, [por ejemplo] una bomba lógica disparada por el anterior responsable de sistemas, despedido en condiciones de dudosa legitimidad [detalle que se le ocultó al Sr. Casas, que se reafirma en la tesis de que “todo el mundo miente”]
.

Tachán. Es un mundo de posibilidades. ¡Cuántas situaciones escalofriantes que harían las delicias de todos aquellos a los que nos gusta House, pero nos frustramos al no entender prácticamente nada de lo que ocurre en la trama principal y quisiéramos que versara sobre nuestra especialidad!… Ya visualizo a Casas, el ingeniero obeso y ególatra, presionando a sus muchachos para que aporten ideas:

“¡Vamos, pensad!, ¿cuál es el diferencial de algo que puede hacer que el sistema detecte solamente la cuarta parte de la capacidad del disco duro?”

O haciendo comparaciones con la vida cotidiana para que la audiencia no iniciada en el mundillo de la informática sea capaz de seguir la trama:
“Un volcado de memoria es como una foto de un momento dado en la vida de un sistema, es una radiografía, nos permite ver lo que hay, pero no nos dice qué lo causa”

Me haría tanta ilusión que esta serie apareciera que prometo no reclamar ningún tipo de copyright sobre la idea… [Esta última declaración es un recurso literario, no un manifiesto vinculante].

Sed buenos.

martes, 27 de noviembre de 2007

...UnA_PreguntA...

Sé que está lejos de ser un tema de rabiosa actualidad, pero...

¿Por qué Qui-Gon Jinn en la Amenaza Fantasma decide que es una buena idea devolverle el equilibrio a la Fuerza cuando solamente presupone la existencia de dos Siths y hay Jedis a cascoporro por todas partes?

En serio, ¿qué le pasa?, ¿nadie se da cuenta de que la idea es como mucho regulera?

lunes, 5 de noviembre de 2007

ComoLaSerie [24]

Tengo la fea costumbre de no contestar a los mensajes que me llegan el 4 de Noviembre. De hecho, no estoy seguro de que sea algo que hago siempre o no, pero ayer lo observé con especial atención. Los agradezco un montón, me hacen mucha ilusión, y todo eso, pero no suelo saber cómo contestarlos, así que no lo hago.

Ayer me pasó por la cabeza el extraño pensamiento de que en realidad no cumplimos años, cada día de nuestra vida es un día que devengamos, hasta que juntamos los necesarios para contabilizar un año más. Tiene que ver con todo este tema de dar tanta importancia a algo tan simple como que la Tierra haya dado una vuelta más al Sol desde que tú estás en ella.

Y, enlazando con algo que escribí hace mucho [mucho] tiempo sobre la Navidad, aunque lo vea tan insustancial, tan irreal, tan comercial, tan casual... me gusta.

[Punto y a parte.]

Me encanta pensar que ya nadie lee este blog. No me malinterpretéis [si es que alguien me lee aún], me gusta que se lea lo que escribo, pero es divertido pensar que todo el tiempo que paso escogiendo palabras para poder ordenar hechos y pensamientos privados convirtiéndolos en algo público, es un tiempo innecesario y que en realidad estoy aplicando un protocolo obsoleto que tan sólo sirve como un absurdo ejercicio mental. Es como participar en una exhibición y ser también el único espectador... Eso no resta valor al ejercicio previo a la exhibición, ni resta satisfacción a la hora de comprobar los resultados.

Pero lo que más me gusta es pensar que la gente que entra aquí poniendo en Google las palabras "pez panga", se queda un rato y lee cómo me va la vida...

[Fin de la entrada 20]


~/Don McLean/~/American Pie/~

lunes, 22 de octubre de 2007

El Largo Silencio

Sí. Sigo aquí.

He estado calladito, pero he estado, al fin y al cabo. Mentiría si dijera que me he acordado mucho del blog en los últimos tiempos, lo tenía exactamente tan olvidado como daba a entender... Pero el caso es que, después de este largo silencio, he vuelto para contaros cómo está siendo mi vida en los Madriles, donde finalmente fui a parar hace poco más de un mes.

La vida aquí tiene sus pegas, comparada con la vida en Valladolid. Algunas son inherentes a la ciudad y otras a mis circunstancias concretas, por ejemplo, vivo sin Internet. Lo que implica que me he desenganchado del messenger y de ver todas las series y animes del mundo [ahora soy ligeramente más selectivo. Sólo ligeramente]. Es verdad que estoy escribiendo estas líneas desde el nido de solteros que mi hermano y yo nos hemos procurado en Madriz, pero es porque algunas veces mis incautos vecinos dejan el router inalámbrico sin contraseña y me alegran la noche...

Tampoco tengo televisión [tampoco es culpa de Madrid]. No es que la viera mucho [nada] en Pucela, pero el caso es que no tengo. He descubierto que es de esas cosas que echas de menos cuando estás solo en casa. Afortunadamente, sí que tengo un chisme USB que se conecta a la antena y pilla la señal de la TDT [ésa es, sin duda, la peor definición que podría dar un Ingeniero de cualquier tipo de dispositivo]. La parte irónica del asunto es que la principal razón que tenía para querer ver la tele era Muchachada Nui, que lo echan en la 2 y, por alguna extraña razón, mi chisme USB no encuentra la 2... No probs, veo Muchachada Nui los findes en youtube [y mola].

El último de mis problemas materiales es que tampoco tengo horno. De nuevo es irónico, porque la única cena que no me da pereza prepararme y que siempre me sale bien, manchando un subconjunto mínimo de elementos de cocina, requiere horno. Pizzas, claro. Así que estoy en plena regresión a Aquellos Maravillosos Meses en el país de la buena birra y las instituciones europeas, haciéndome las pizzas en el microondas. Por lo menos el que tengo aquí tiene grill.

A parte de esto, está Madrid en sí. Conjugado con el horrible horario que impone la consultoría, se convierte en una ciudad algo claustrofóbica... Voy a currar a las 8:30 de la mañana y salgo en algún momento entre las 7:00 y las 8:00, pero en lo que llego a casa es fácil que me den las 9:00 si tengo que hacer cualquier cosa por el camino. Si después me da por ir al gimnasio, ya se acabó el día. Y si no, intentar quedar con alguien para tomar una birra o algo, es toda una odisea, porque todos estamos parecidos por aquí, y encima lejos unos de otros.

Vamos, que estoy encantado.

Pero el curro me gusta. Y me niego a dejar que Madrid me gane la partida. Ya he conseguido un par de pequeñas victorias [más bien de lo que yo considero pequeñas victorias] por aquí. He encontrado una tienda de comics de la que ya soy casi habitual y tengo la entrada para mi primer concierto en la capi. Puede parecer una chorrada, pero tal y como yo lo veo, es mi forma de hacerme un hueco por aquí, de conseguir mejorar la normalidad.

Y eso es todo por ahora. No prometo escribir más pronto, pero prometo que si lo hago, será algo más abstracto, lírico, obtuso e incomprensible que estas insulsas líneas.

Besitos y abracitos.

miércoles, 15 de agosto de 2007

...Por eso los RedSox nunca ganaran la liga...

Ayer, por fin, pude ver un partido de los Red Sox!!! Sí, el baseball es un deporte aburrido, y sí, me lo pase genial viendo el partido de todos modos, menudos shows montan estos americanos!!! Aunque fuimos los españoles los que cantamos las tonadillas mas populares de la noche, "a por ellos, oe" y compañía. Los locales nos deleitaron con un conservador, pero pegadizo "let's go, Red Sox", al que nos unimos gustosos.

El tipo de la foto, Jason Varitek, fue el encargado de conseguir la segunda carrera de los Red Sox en el noveno período, dando una victoria ajustada a los Medias Rojas (2-1, fueron perdiendo 0-1 desde el tercer período hasta el noveno). Pero el héroe de la noche fue un tal Mike Lowel, que consiguió un homerun, también en el último período. Un final no apto para cardíacos que contrastó con el espectáculo que pudimos ver la mayor parte del tiempo: tíos que tiraban mal una pelota y tíos que no acertaban a golpearla con un palo ni a hostias...


Como podéis ver me estoy mimetizando a la perfección con la cultura yanki... La verdad es que desde que estoy aquí no los odio tanto, son algo mejores de lo que esperaba. Y Boston y Nueva York son una pasada, pero eso es otra historia.